Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de noviembre 22, 2015

Un imposible.

Me he enamorado de lo imposible, de lo que puede ser y no será, no porque no pueda cumplirse o hacerse realidad, sino porque las grandes energías del mundo conspiran en mi contra cuando pienso en ti. Y cuando contemplo olvidarle, viene su aroma de mujer, la sonrisa de niña y con el frío filo de su belleza me roba los suspiros con una puñalada directa a los bajos instintos. Y me deja una herida viva, cada intento de cerrarla me roba un poco más de mi humanidad. Sé que despertaré algún día y estará cerrada la estocada que usted lanzó a las comisuras de mi boca, y será ésta como un libro cansado de contar su propia historia, sobre amor y dolor, sobre fantasías y algunos sueños rotos, pero allí estará, para abrirse otra vez cuando al amanecer piense como todos los días en lo hermosa que es tu sonrisa.

Confieso.

Le confieso que he de pedirle que sea un poco más clara con las cosas que pide usted. Fuera como fuere, no puede usted decirme que deje de quererle, así, de la madrugada al alba, con la piel caliente y el aliento agitado. ¿Cómo puedo alejarme de usted? Cerrar un capítulo de una historia que aún no termina, no porque no tenga un final, sino por el hecho de que siquiera sabemos si realmente vale la pena ponerle un punto y final a lo que podría ser el mejor libro de amor, o el drama más trágico, quién sabe. Sólo importaba la historia juntos y lo que se pudo lograr en ese tiempo, con cada párrafo, en cada una de las oraciones, las pausas en las comas y los besos, los puntos y seguidos en los coitos interrumpidos por el éxtasis del sexo; es una lástima porque ha estado en sus manos, y lo ha desechado como los restos de una comidilla insípida y fría. Pretende usted arrancar de raíz lo inarrancable, porque el alma no olvida a conveniencia sino que borra cuando el tiempo y las heridas han sana...

Lo que nunca pude decirte.

Me guardé tanto y mencioné tan poco. Muchas banalidades y cosas simples te comenté, pero mucho callé, quizá por ello hoy no estamos juntos, porque me reservé tanto que al final resulté ser alguien diferente e irreconocible ante quién supuestamente te mostré. Me convertí en una caja de seguridad, cuyo única clave tenían tus manos. Manos que nunca jamás mi piel volvieron a tocar, dejando secretos guardados que nunca nadie podrá a la luz sacar. Pero si algún día llegara a abrirse, acá hay varias cosas que debes saber antes de que el rumor a tus oídos las haga llegar: Lo primero es que aún después de irte me preocupé y oré por ti. Segundo que te besé en silencio y me culpé por no mantenerte cerca. Lo tercero es que esto es sólo lo que pienso y no lo que me guardo realmente. Me guardé las sonrisas porque pensé que podrían servirme para luego, porque en ese momento era joven nuestro amor (según yo). Ahora realizo que quizá sonriendo un poco más pudiese haber sido yo quién alegrase tus días e...