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Tono de espera.

La espera. Incertidumbre. Eso eres. El tono de espera de un llamado del alma. Llamado no correspondido. Llamado no atendido. Un mensaje de voz en el oído de un corazón perdido. Eres la eternidad. Esos nervios que dan antes de lo que se apremia. Eres mi paciencia acabándose. El silencio antes de morir. La calma antes de la tormenta. La vida de un amor, que ya está muerto. Eres, ¿qué eres? Eres el tono que se pone en marcha al terminar una llamada. El usuario no disponible de mis deseos. Un error de transmisión. No hay conexión. Eres el maldito tono de espera. El que mi alma anhela que desaparezca, pero aún no te decides por atender. H.M.
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Catedral.

Edificio eterno. Con tus caras tristes, tus adeptos llenos de hipocresía. Una casa de espejos eterna. Con verdades tergiversadas a convenir. Letrina de perros y vagabundos. La epitome de lo irónico vive en ti. Un pueblo muerto de hambre. En búsqueda de esperanzas y fe. Un directo que usa copas de oro. Y bebe sangre y come carne de un salvador. Eres el hogar de las ilusiones. Tribunal. Cementerio. Una casa de artimañas. Y alguna vez me senté en tus filas de asientos. Buscando perdón. Rogando justicias. Buscando fe. HM.

Asesina de recuerdos.

Abrí los ojos lentamente y allí estabas, hermosa. Con aquella sonrisa tan encantadora a la que incluso el más despiadado de los hombres se rendiría...¡bang! Otra detonación a lo lejos se abrió paso a través de la oscuridad, iluminando toda la habitación por milésimas de segundo; y allí seguías tu, erguida y majestuosa, impasible ante la situación, con esa sonrisa en tu rostro. Parece haber sido ayer cuando íbamos de la mano a las orillas de la playa y el viento arremolinaba tu cabello, ¿o fue esta mañana? Quién sabe, en estos minutos he estado recordando tantas cosas...¡bang! Otra detonación...¡bang! Pascuas...¡bang! Nuestras navidades en Tailandia...¡bang! París...¡bang! España...¡bang! New York...¡bang! ¡Para, por favor! No sé si aguante un segundo más...   Michael.

Prisiones libres.

Me hice creer a mi mismo, por mucho tiempo. Que en realidad te quería. Sin pensar que pudiere ser dependencia. O un apego emocional arraigado a mi conducta autodestructiva. Pensé que eras indispensable para vivir, y no. Me encanta tu sonrisa,. La manera en que tu cabello cae sobre tu espalda. Todo de ti, en realidad. Pero puedo sobrevivirte. Ya no eres el primer pensamiento de mis mañanas. Y aunque junto a mi esté tu almohada. En ese lado izquierdo de mi cama. Ya no volteo a mirarte. Ahora miro a la ventana, buscando de la infinidad de posibles regalos que trae un nuevo día. Y te sigo queriendo. Distinto, más bonito. Sin la influencia de la ponzoña a la que llaman dependencia. Te quiero. Pero con libertad. La misma libertad de un reo al que abrieron la jaula. Y disfruta de su metafórica libertad. Con el cuerpo libre y el alma encerrada en un rincón oscuro de aquella prisión, a la que los jóvenes llaman amor incondicional. HM.

Petricor.

Gotas, eso queda en el vacío. Y el petricor empapa mi nariz mientras el frío inclemente me cala los huesos con su infinita tristeza. Pero no todo es malo acá. Me reconfortan los muslos de una mujer hermosa. Me calienta su sonrisa por momentos. Y en otros su abdomen contra mi espalda. Entre los susurros que trae la brisa, que se cuela por las ventanas. La charlatanería del viento, con sus promesas de paz y tranquilidad inviolables. El misterio de la niebla. Las centellas del cielo lluvioso. Resplandores de oscuridad finita. Besos estremecedores. Seducción con cuerpo de mujer. Caudal de río fluido. La violencia de las olas contra la roca. Eres la tormenta que necesito en la vida. Con tus ojos locos y el cabello negro. Ondeante al viento. Misterio. Mírate. La calma que promete nunca acabar. Eres la vida de quién te admira. Y llegaste a empaparme de ti. Me sumergiste en tus aguas. Enchumbaste mis zapatos. Te deshiciste de mi ropa. Me bautizaste a tus maneras. Y a...

Pensamientos de noche.

Son recuerdos que nos alimentan Que nos alientan, nos despiertan, nos mantienen vivos. Inmunes al frío, a la desesperanza, al miedo. Nos avivan y mantienen con ansias de más. De más vida, más vivencias, más recuerdos. O solo son eso, pensamientos de una noche y no más. Descartables. Desechables. Vacíos e insípidos pensamientos que solo traen desasosiego al alma del solitario. Pensamientos de esos que nos hacen viajar, y flotamos en las interminables agua del Tiber, hacia la infinidad. HM.

Tres cosas.

Tres cosas. La 1era: no quería enamorarte. La 2da: mucho menos tenerte. La 3era: creíste que podías escapar al sentimiento de proximidad entre nosotros manteniéndote al margen de una posible "relación" sentimental que pudo haberse visto concretada, cosa que no sucedería, debido a que yo, en conexión con mi ser nunca quise poseerte como a un objeto, y tampoco violentar tu integridad sentimental difícilmente tejida a base de engaños e imágenes falsas de un "yo" que no existe dentro de ti, luego de una ruptura emocional forzosa con cierto individuo que anteriormente traicionó tu confianza, mucho menos quería intercambiar nuestros fluidos corporales para obtener el mero placer secundario de un orgasmo, debido a que tu sonrisa para mi ya valía aproximadamente unos diez de estos. Lo que más me resulta odioso de tu parte es tu falta de sinceridad, porque pudiste decirme que querías que solo fueramos amigos, pero en cambio quisiste jugar con mis sentimientos, teji...

Anne.

—Quiero probarte -dije Y comenzaste con unas de esas, tus tantas cantaletas, diciendo que mi seguridad rayaba en el egocentrismo, y que algunas veces, podía caerte realmente mal, pero... ¿Acaso es mi culpa? Que jamás hayas sabido expresar abiertamente tu sexualidad, y que suprimas estos aspectos de tu vida como si fueren cosas no relevantes. ¿Es acaso mi culpa estar bien conectado con mi sexualidad? Conocerme, saberme y sentirme hombre. Disculpas, por estar seguro de mi mismo, Anne, jamás pensé que a una mujer pudiere resultar incómodo ser deseada por alguien del sexo opuesto. Pero hablándolo bien, hay tantas maneras de "probar", que es casi imposible darle una connotación sexual, lo cual me deja airoso pues sé, que estás predispuesta sobre este tipo de temas, y, ¿por qué? No tengo absoluta culpa de tus malas experiencias, de que estés dañada, rota o defectuosa, en realidad nadie tiene la culpa de nuestras carencias, nuestros errores, de nuestras malas deci...