Abrí los ojos lentamente y allí estabas, hermosa.
Con aquella sonrisa tan encantadora a la que incluso el más despiadado de los hombres se rendiría...¡bang!
Otra detonación a lo lejos se abrió paso a través de la oscuridad, iluminando toda la habitación por milésimas de segundo; y allí seguías tu, erguida y majestuosa, impasible ante la situación, con esa sonrisa en tu rostro.
Parece haber sido ayer cuando íbamos de la mano a las orillas de la playa y el viento arremolinaba tu cabello, ¿o fue esta mañana? Quién sabe, en estos minutos he estado recordando tantas cosas...¡bang!
Otra detonación...¡bang! Pascuas...¡bang! Nuestras navidades en Tailandia...¡bang! París...¡bang! España...¡bang! New York...¡bang!
¡Para, por favor!
No sé si aguante un segundo más...
—Que cada una de tus heridas te haga recordar a algunas de tus zorras.
Con aquella sonrisa tan encantadora a la que incluso el más despiadado de los hombres se rendiría...¡bang!
Otra detonación a lo lejos se abrió paso a través de la oscuridad, iluminando toda la habitación por milésimas de segundo; y allí seguías tu, erguida y majestuosa, impasible ante la situación, con esa sonrisa en tu rostro.
Parece haber sido ayer cuando íbamos de la mano a las orillas de la playa y el viento arremolinaba tu cabello, ¿o fue esta mañana? Quién sabe, en estos minutos he estado recordando tantas cosas...¡bang!
Otra detonación...¡bang! Pascuas...¡bang! Nuestras navidades en Tailandia...¡bang! París...¡bang! España...¡bang! New York...¡bang!
¡Para, por favor!
No sé si aguante un segundo más...
Michael.
—Que cada una de tus heridas te haga recordar a algunas de tus zorras.
¡Bang!... —París...¡bang! —La españoleta... ¡bang! —La "masajista tailandesa!
—Tu secretaría... la amiga del bar... y este último, por mí...¡bang!
—Por cinco interminables años soporté tus infidelidades, sin dejar de sonreír, dejé de lado todos mis sueños para ser tu hermosa perfecta... yoga, pilates, las horas de gimnasio, cocina, etiqueta, ¿y todo para qué?
Para que te fijes en estas golfas, sosas, carentes de estilo y distinción.
—¡Qué desperdicio! Míralas, ¡solo míralas! desangrándose allí, grises y sin vida, dejando escurrir en mi alfombra toda esa suciedad e inmundicia que distingue a las mujeres de su clase. Eres un cerdo, revolcándote con dos de ellas a la vez, ¡en nuestra cama!
—¿SABES ACASO CUANTO ME COSTARON ESTAS SABANAS? ESTAS M.... ¡bang!
—Eso fue por mis sábanas de seda.
—Imagino que de no haber seguido tu auto hasta acá jamás me habría enterado, y esta probablemente sería otra salida con tus amigos, mucho papeleo en la oficina quizás.
—Y de seguro yo estaría en casa, tomando de este mismo vino de mal gusto que estás tomando hoy... ¡bang!
—Cerdo despreciable, eres tan difícil de matar, casi te he descargado el arma, y sigues despertando.
—No puedo esconder mi satisfacción, o evitar sonreír al mirarte y ver en tus ojos tus ganas de misericordia, y esa expresión estúpida de tu rostro, mirándome como un idiota.
—Muere de una vez...¡bang!
Muere y no vuelvas a abrir tus malditos ojos.
Infiel de mierda...
Lucy.
HM.
Comentarios
Publicar un comentario