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Prisiones libres.

Me hice creer a mi mismo, por mucho tiempo.
Que en realidad te quería. Sin pensar que pudiere ser dependencia.
O un apego emocional arraigado a mi conducta autodestructiva.
Pensé que eras indispensable para vivir, y no.
Me encanta tu sonrisa,.
La manera en que tu cabello cae sobre tu espalda.
Todo de ti, en realidad.
Pero puedo sobrevivirte.
Ya no eres el primer pensamiento de mis mañanas.
Y aunque junto a mi esté tu almohada.
En ese lado izquierdo de mi cama.
Ya no volteo a mirarte.
Ahora miro a la ventana, buscando de la infinidad de posibles regalos que trae un nuevo día.
Y te sigo queriendo.
Distinto, más bonito.
Sin la influencia de la ponzoña a la que llaman dependencia.
Te quiero.
Pero con libertad.
La misma libertad de un reo al que abrieron la jaula.
Y disfruta de su metafórica libertad.
Con el cuerpo libre y el alma encerrada en un rincón oscuro de aquella prisión,
a la que los jóvenes llaman amor incondicional.


HM.

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