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Encuentro casual.

Hoy, decidí buscarte, decidí acercarme a ti, decidí mirarte, busque las palabras adecuadas para recibirte, para hacerte sentir cómoda, mientras esperaba con impaciencia tu llegada a mi puerta.

El sonido, el golpeteo de la solida madera de la puerta principal, hizo estallar dentro de mi una bomba de adrenalina, y me dirigí hacia la puerta volando, como alma que lleva el diablo, aun con ese vació inmenso creado por tu llegada, abro la puerta y estas tu, envuelta en un vestido blanco, y unas delicadas chanclas rojas.

Preguntándome si pasarías o no, me retire de la puerta, me hice a un lado, esperando a que tus piernas deslizaran suavemente por encima del umbral de mi puerta, un paso mas y ya estas dentro, la música hace ambiente, mientras que me miras y te es imposible soltar una sonrisa.

Detrás de ti cierra la puerta, haciendo un extraño ruido, sonido que expresa que a abrir no volverá. Tu cuerpo se deposita en el sofá, mientras el aire de la habitación se hace un poco mas pesado, un mar de estrellas decora esta noche el cielo, mientras que tus ojos iluminan la habitación, como también lo hacen las velas. ¿Champagne, vino tal vez?. Una sonrisa delicada, y un ademan con la cabeza respondieron mi pregunta, y te serví, te di de tomar, mientras poco a poco disminuía la tensión, pasaron los segundos, los minutos y las horas, y ahora estamos aquí, en este sofá, abrazados, mirando el cielo, en el cual ya no hay estrellas, sino nubes grises, y gotas de lluvia, que insisten en hacer del exterior inaccesible para los que estamos aquí dentro.

Ya no puedes irte, la lluvia no cesara, te ofrezco mi cama, mientras voluntariamente, me dedico a buscar abrigo en mi sofá. Ausencia de luces, ya no puedo ver, un ligero ruido de el AC, me indica que ya emprendiste tu camino a un largo sueño, y me quede allí, esperando un beso, una caricia antes de dormir, pero no insistí, y sin resistirme a lo que sucedía, de inmediato me aboque a dormir.

Al momento siguiente solo siento una mano en mi pecho, y te miro allí, a mi lado, pidiéndome que te de abrigo junto a mi, que te da miedo estar sola y tan lejos de mi, subiste al sofá, y muy intrincadamente tratamos de encajar en el ambos, fallando por completo, en un intento por estar juntos.

Te tome por la mano y te lleve a mi cama, un lugar mas amplio y tranquilo para descansar, y al acostarme, me doy cuenta que te quedaste allí parada, mirándome fijamente, una mirada suspicaz recorrió mi cara, y se poso en mis ojos, con el brillo y el calor de una estrella que estalla en el medio de un universo extenso.

Me levante, y fui hasta ti, te tome por la cintura, y en menos de lo que se tarda un pestañeo, pose mis labios sobre los tuyos, creando esa dulce sinfonía llamada beso y hundiéndote en el mar profundo del sentimiento llamado deseo.

Besarte fue como ir al cielo, me sentía flotar en esa habitación, y lentamente puse mis manos a trabajar, subiendo poco a poco, disminuyendo los limites de tu vestido a mi conveniencia, pose mis pequeñas manos en tus glúteos, fríos por el clima gélido de este cuarto mientras que mi lengua descifraba poco a poco los secretos que escondía el jardín de tu boca. Me deshice de tu vestimenta con una habilidad inhumana, en la gran expectativa de admirar tu cuerpo..dos pasos atrás y mientras tus ojos aun están cerrados, esperando algún indicio de mi tacto, me tomo el tiempo para deleitarme con la mayor belleza que Dios me haya permitido observar, caderas detalladas, curvas exorbitantes, y una forma muy inocente, de sentirte observada, me hicieron sentir dueño de ese fruto, de esa manzana prohibida que por cuestiones de segundos y hasta el fin de las próximas horas, tendría conmigo.

Te tome nuevamente entre mis brazos, y lentamente, puse tu cuerpo sobre mi cama. Poco a poco te recorrí a besos, deleitándome con tu agitada respiración, con tu deseo creciente de sentirte amada. Despacio y cuidadosamente, recorrí tu abdomen, mientras que tus manos desesperadas, forzaban mi cabeza a ir un poco mas abajo, al centro total de tu placer, hice de desnudarte un arte, tome tus panties entre mis dientes, y lentamente, las retire de su sitio habitual, y las escondí en el rincón mas remoto de mi habitación, el cual siquiera yo mismo conozco, tus manos temblaban, agonizantes, a la expectativa de lo que venia a continuación.

Tu respiración se convirtió en un torbellino, y en ese preciso momento, me deslize por tus piernas, generando cosquillas y suaves escalofríos en ti, llegando hasta la punta de tus pies, haciendo el amor a cada uno de los dedos y hasta a la plante de los mismos, para luego volver por el camino conocido, y emprender directamente con osadia a explorar el centro de tu placer, húmedo al tacto, palpitante, y maravillosamente, dulce al gusto.

Y explorarte fue como tomar del mas puro manantial luego de un desierto y una muerte brutal, pudiendo desfallecer, me encontré con aquella fuente inagotable de delicioso elixir capaz de devolverle la vida a este moribundo, mi lengua se empapo en tu placer, y la locura se apodero de mi ser, y estuve allí, escuchándote gemir, mientras tus manos aun desesperadas no sabían que hacer, tu cuerpo no tenia reacciones, no sabia si quería continuar, si detenerse, no sabia si parar, y asi continué, hasta que se detuvo tu respiración, y tu cuerpo se despego del lugar en el que se encontraba reposando, para darme a ver que habías llegado al máximo placer.

Esa noche, me hice un experto en explorarte, conocí cada rincón de tu cuerpo, de mil y una maneras, y poco a poco afloraron gemidos de placer provenientes de tu suave voz,

Y como empece, seguí allí, recorriendote bajo la lluvia y expresandote mediante caricias lo que sentia por ti, demostrándote con caricias mil formas de besar, enseñándote que siempre hay mas, y que lo nuestro va mas allá de un simple encuentro casual.

H.M.

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