10:50 de la noche, llueve cantaros y el viento golpetea fuertemente contra nuestra ventana.
El servicio eléctrico ha sido destituido por el riesgo a tormentas eléctricas y aún así no hace calor, al contrario, el frío se escurre lentamente por las ventanas del departamento e inunda nuestro aire, metiéndonos abruptamente a la cama.
Ahora mas que nunca recuerdo cuando me dijiste que los truenos te espantaban, pero estás muy calmada, tal vez debido al efecto de las botellas de tequila que hemos consumido juntos justo antes del corte de luz.
Metidos en la cama, agazapados y friolentos, nos damos vuelta y quedamos justo frente a frente, con nuestras narices tocándose y compartiendo el mismo aire.
Distante, perdida en la calma y tranquilidad del momento me miras y te devuelvo una mirada incrédula al hecho de que tu mirada pueda devolverle el brillo a una habitación donde no hay luz alguna.
Una sonrisa pícara y con doble sentido expira en lo oscuridad, mientras mis ojos hacen un "playback" de el mordisco que diste a tus labios al terminar de sonreír.
Rápido y silencioso me abalanzo sobre ti, envolviéndote con mi cuerpo y sin dejarte escapatorias, una de mi manos se dirige hacia tu cabello rubio, mientras que la otra apoya tu cuerpo imponente en nuestro catre, suave y lentamente.
Las sábanas estorban, he decidido que no harán falta es nuestros próximos actos, pues el calor de tu cuerpo contra el mío producirá el calor suficiente como para templar la habitación por completo.
Deleitándome con la suavidad de tu piel con mis toscas y torpes manos, mientras acaricias mi cabello con tanta devoción que siento como tus ojos admiran mi entero semblante, con ahínco plasmo un beso delicado en tus labios perfectos, color rosa, tan suaves que es increíble y casi imposible describir la sensación de nuestras bocas unidas en un beso eterno.
En un suspiro, en un respiro mi mano yace jugueteando bajo tu pijama, ese que yo mismo te compre por apreciar la manera angelical como lucías al ponértelo y ahora aquí estás llevándole la contraria a esa imagen, dejando salir poco a poco con todo el libertinaje la niña scout que llevas dentro, extrovertida y ocurrente, atrevida y tenaz.
Tu diminuta blusa ajustada a tus pechos ya no oculta la piel debajo de ella y tu brassier ya ha sido arrancado de su lugar gracias a mi habilidad para quitártelo solo con dos dedos de mis manos, cosa que te encanta y esta vez se dio a notar por la sonrisa que interrumpió nuestro desfile de caricias con los labios.
Le dijimos adiós a las otras envolturas que no nos permitían estar cerca del otro justo como Dios nos trajo a este mundo y comenzamos a devorar nuestros cuerpos, envueltos en la total pasión de una pareja de enamorados, desesperados por consumir en su totalidad todos los segundos posibles y los diferentes aspectos que ofrece el divino arte de hacer el amor.
Mientras le robo el frío a tu cuerpo, mis oídos se deleitan con gemidos provenientes de tu boca, que le roban el dominio a la lluvia y al silencio leve que hacía unos segundos dominaba en nuestra estancia.
Tus suaves, calientes y muy definidos muslos abrazan mi cuerpo como la noche acobija al mas vil de los cacos, dejándolo cometer sus fechorías.
De aquí en más somos dos amantes, jugueteando en la oscuridad a explorar como ciegos, los rincones de nuestros cuerpos, llenando nuestros oídos con gemidos de satisfacción y complacencia.
Amándote en los alrededores de nuestra habitación, sintiéndote como esta noche, húmeda y a oscuras.
H.M.
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