Ir al contenido principal

Soy yo.


Tu magnifica figura esbelta se cubría con las sábanas de mi catre esa mañana de domingo, el sol intentaba a duras penas penetrar las cortinas e iluminar la habitación que de por sí estaba iluminada por tu presencia.

Tu mirada me tentaba ágil y lucidamente desde tu lugar en nuestro lecho de amoríos e ilusiones. Me invitaba a tomarte entre mis brazos y bordar en tu boca miles de estrellas beso a beso.

Devolviéndote la mirada me zambullí en tu cuerpo, el mar de mis delirios, dando brazadas largas y extensas en contra de un oleaje seductor.

Recorrí tus amplias caderas con la dedicación de un amante experimentado, siendo solo un principiante en esto de el amor y las caricias. Besé tus anhelos con delicadeza, acaricié tu cabello y toque tu piel como si se tratase de la seda más suave que haya existido jamás.

Te amé, te amé infinitamente, me hice hombre atando cabos en tu puerto de placer, bebí de las agua de tu cuerpo y sacié mi sed, te hice olvidar el pasado y te hice mujer.

Fui yo, quién se hundió y perdió en tus mares de pasión, fui yo quién te hizo mujer y te hizo olvidar a aquel falso amante que tuviste alguna vez.

Soy yo quién te recuerda en cada beso que más allá de deseo, eres una mujer.

H.M.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tres puntos suspensivos...

Veo miles de personas en mi día a día, ignoro la cantidad de ellas, así como ignoro sus pensamientos, sus anécdotas, por sus caras puedes clarificarlos: trabajadores, emprendedores, caminantes, amantes, soñadores, mentirosos, envidiosos, parias, escoria, sombras de quienes fueron alguna vez, inconscientes, inteligentes, irreverentes, discordantes, dementes, personas con delirios de grandeza que pasa hora a hora de su vida en un ajetreo constante, en búsqueda de un objeto, un objetivo, una promesa, la analogía perfecta de un Santo Grial, algo inexistente, distante. Jóvenes, adultos, ancianos, bebes, personas tanto en la cúspide, como en la flor de su vida. En los aspectos cotidianos de la vida podemos apreciarlos normalmente, más no sabemos quienes son, no conocemos sus nombres, desconocidos. Sigo mi camino, pensando en quien me sigue, e ignorando a todos aquellos que simplemente por casualidades y acciones de Dios y del destino, es...

Esta chica, esta mujer... esta loca.

"Y está chica, esta mujer, esta... loca, se toma el atrevimiento de sonreírme. Esta chica, sonriente, radiante, y cautivadora, con la que tomaría mil cafés, recorrería mil parques y bailaría mil canciones. Esta chica que me toma de la mano, que me abraza la espalda y besa mi cuello. Luego, esta mujer, me pide que me acerque un poco más, que estoy un poco lejos, y me acerco, huelo su perfume, me enamoro de su aroma, de su esencia. Esta mujer a la que besaría siempre, a la que amaría con el alma, esta mujer que se maquilla para sentirse bella y lo que hace es sacarme de mi cabal. Y luego... luego está esta loca, que habla mal inglés y ama dormir hasta tarde, esta loca que deja su ropa regada en mi habitación sin pudor ni vergüenza, esta loca que pide a gritos mi cuerpo y mi compañía. Esta loca que me hace reír, esta loca que me hace nombrar a cientas de deidades en vano, amante del helado de chocolate y los buenos besos. No sé con cual he de quedarme, querría así a una mujer, mirarí...

Petricor.

Gotas, eso queda en el vacío. Y el petricor empapa mi nariz mientras el frío inclemente me cala los huesos con su infinita tristeza. Pero no todo es malo acá. Me reconfortan los muslos de una mujer hermosa. Me calienta su sonrisa por momentos. Y en otros su abdomen contra mi espalda. Entre los susurros que trae la brisa, que se cuela por las ventanas. La charlatanería del viento, con sus promesas de paz y tranquilidad inviolables. El misterio de la niebla. Las centellas del cielo lluvioso. Resplandores de oscuridad finita. Besos estremecedores. Seducción con cuerpo de mujer. Caudal de río fluido. La violencia de las olas contra la roca. Eres la tormenta que necesito en la vida. Con tus ojos locos y el cabello negro. Ondeante al viento. Misterio. Mírate. La calma que promete nunca acabar. Eres la vida de quién te admira. Y llegaste a empaparme de ti. Me sumergiste en tus aguas. Enchumbaste mis zapatos. Te deshiciste de mi ropa. Me bautizaste a tus maneras. Y a...