Desde tiempos muy remotos han sido nuestro delirio.
Sus ojos son las ventanas de nuestra vida, dónde vemos pasar el tiempo y el día siempre tiene un buen clima.
Son como el aire que se respira en la cima de una montaña, y el vaivén de sus cabellos al viento acompañan.
Son el sol que nuestra mañana ilumina, sus muslos nos deslumbran, las miramos disimuladamente, para que no nos descubran.
En medio de nuestro pequeño juego de espías, deseamos que estén a nuestro lado algún día haciéndonos compañía.
La belleza femenina que nos hace delirar, que nos hace suspirar y nos lleva a conspirar a atentar en contra de su integridad, ingeniando cómo llenarlas de ese placer natural que sienten normalmente cuando las recorremos con nuestras manos de pies a cabeza, sin estropear en lo más mínimo su belleza.
Mordiendo cada centímetro de su piel con cada mirada, sintiéndolas cerca aunque no sintamos nada, descifrando en su mirada cual será su próxima jugada.
Su próximo movimiento en su juego diario de seducción, miles de caderas moviéndose al unisono, seguro muchas de ellas han inspirado de canciones, coros, cánticos o villancicos para luego perderse en la multitud dejando solo la imagen mental que obtenemos de solo verlas un ratito.
Si supieran lo que exclaman nuestros ojos al verlas no creyeran que morimos por ellas en miles de formas y maneras.
Benditas tus curvas y tus labios mujer aunque sea por momentos y ya nunca te vuelva a ver.
Bendito tu rostro, tus ojos, tu mirada, tu rostro iluminado aún cuando estás cansada.
Benditos tus tacones que resaltan tu figura aunque nos hagan sentir que no estamos a la altura.
Somos navegantes, ambulantes queriendo llegar al muelle de vuestros besos.
Desenfreno total es lo que sentimos al ver que una mujer hermosa se atraviesa en nuestro camino, caminamos erguidos y nos ponemos seriecitos para que vean que en nosotros encontrarán un hombrecito.
Pues sepa usted, mujer, que está leyendo esto que en hacer eso no me molesto, ya que me encontrará todo un hombre en los juegos del placer, mientras juegue con mis manos bajo tu falda y retire con mis dientes tu delgada tanga.
Disculpe no quise ser irrespetuoso pero su cuerpo es una arma poderosa, la cuál podrás usar contra mi todos los días y en mi rostro no se verá otra cosa que alegría.
Con alevosía te amaré día a día, mujer, aunque piense que me dejarás y serás infiel, hablo en singular para que puedas ver lo que piensa todo hombre cuando a su lado tiene a una hermosa mujer.
Nuestro corazón se alborota y gota a gota se derraman por los bordes de nuestra camas ríos de pasión, que brotan de sus caudales, los cuales, son nuestra inspiración.
Corruptos nuestros pensamientos, les hacemos el amor con la mirada y luego continuamos nuestro camino como si nada.
En la madrugada abrazamos fuerte nuestras almohadas deseando que sea nuestra mujer amada.
Vestidas para seducir dejan que las ilumine la luz de el día dejando a la más hermosa orquídea como una simple baratija y nos van a la mano todos como a dedo una sortija.
Si estoy equivocado que alguien me corrija pero aún no veo a quién tales diosas se dirija, no por que sea cobardía, no, al contrario, es porque sus oídos son sensibles a nuestras burdas expresiones que no se equiparan a poemas, prosas o canciones.
Quisiéramos dibujar en sus pieles todo bien bonito, que ellas sean nuestro lienzo y nuestra lengua el grafito.
Por momentos llegamos a pensar que en el infierno iremos a parar, no hay quién haya visto al Diablo y haya vivido para contarlo, pero aquí estamos, aquí seguimos, vemos la tentación a diario pasar frente a nosotros y seguimos vivos.
Amándolas, queriéndolas, añorandolas y queriendo ser más de lo que ya somos para escribir junto a ellas una historia que se lleve unos mil tomos.
Esculturas en movimiento las que admiramos por momentos y luego de algún tiempo serán nuestro monumento, nuestra 8va maravilla y le marcamos la milla por el camino de sus cosquillas.
Son el aroma del café, el rocío de nuestro jardín, son nuestra sonrisa y nuestras ganas de seguir y muchos nos atrevemos a decir que sin una mujer no podríamos vivir.
Giran nuestra vida y la ponen de cabeza, no tenemos argumento ante tal belleza ya que no pensamos con la cabeza correcta si están frente a nosotros y las imaginamos perfectas.
Desnudas, con ropa o en pijamas, siempre tenemos de amarlas muchas ganas, estando enamorados ya nada les gana, son nuestro desayuno en la cama aunque no ingerimos nada para luego seguir durmiendo juntos con la cabeza en la misma almohada.
No existe lugar preciso para amarla, puede ser en el pasillo, en cuarto, baño o sala, ¡bah!, no importa, siempre andamos planeando otra locura para llevarlas a nuestro lecho y hacerlas perder la cordura.
Son nuestro delirio, nuestro colirio, nos cambian la manera de ser y con ellas a nuestro lado siempre volvemos a nacer.
Admiremos y respetemos su esbelta o redondeada figura, admiremos su mente decente, tranquilamente y olvidemos lo que diga la gente.
Miremos siempre lo que debemos, sin dejar de admirar su cabello que cae dócilmente por su espalda enmarcando notablemente, la perfección de sus nalgas.
Mueven su cuerpo cual bailarina exótica sin necesidad de quitarse la ropa, sin tener que pagarles nos ofrecen un show visual completo que resulta muy agradable.
Admirable es su sonrisa y sus dientes blancos que mucho las estilizan.
Míralas de arriba abajo, impresionantes y buena mozas, prolijas como una prosa, suaves como las rosas.
¡Oh Dios mío! Que obra más divina, gracias por ser el creador de la belleza femenina.
Aunque mis pensamientos sean tan variados que divaguen, mujeres, mujeres hermosas nos invaden, este escrito va por ellas, aunque mal paguen.
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