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Noche buena.

¡Bienvenido sea el niño Dios, a este hogar!
Qué profana mi exclamación, sabiendo que lo que hago es pecado.
Imaginarte aquí y sentir que estás a mi lado.
La noche silenciosa y fría me hace compañía.
Ansias.
Deseos.
Anhelos.
Es ciertamente adecuada esta distancia que nos separa hoy.
A mi, me da la calma necesaria para escribir esto.
Y a ti, te da para descansar, al igual que el resto.
Igual al resto de las personas que están durmiendo y sienten calor.
Mientras yo muero de frío, necesitando tu amor.
No he de desesperar, pues sé que el día llegará.
El día en el que en estás fechas pueda tenerte siempre. 
Y mantenerte a ti y nuestro lecho calientes.
Días en los que las horas se hagan ausentes.
Y nos hundamos en idilios diferentes.
Minutos.
Segundos.
Horas.
Pasa el tiempo y cada vez más mi corazón te implora.
Te deseo de manera desaforada y desesperada.
Quiere tenerte dando vueltas en mi cama.
Escuchar tus gemidos, silenciados por una almohada.
Al volver a nacer, mirarte a la cara y que me digas al oído cuanto tú me amas.
Hacerte el amor, siempre y no con mi mente.
Deshacerme de tu lencería con mis dientes.
Halar tus cabellos y volverte a amar.
Quiero que se te haga imposible respirar.
Delicadeza.
Alevosía.
Una fantasía.
Querer sentirte sin saber, si eres mía.
Afán de querer tener presente, el olor de tu cabello.
De mirar con naturalidad, la caída de tus senos.
La forma en que los atrae la gravedad.
Singularidad.
Grandeza.
Una belleza.
Es una proeza para ti, que no pueda sacarte de mi cabeza.
Tristeza para mi, el no poderte ver.
Queriéndote llevar al cielo, y solo con muchos besos puedas volver.
Explorar.
Imaginar.
Plantar, en tu cuerpo, caricias de manera sin igual.
Poder tocar, ese botón de tu placer y que tus suspiros le den la bienvenida a un nuevo amanecer.
Navegaré tus ríos y los haré míos.
Seremos dos amantes en el vacío.
Acariciar tu suave piel, y anidar en el calor de tus muslos, y saber mediante sus movimientos cuanto te gusto.
Arrancar de ti todo rastro de inocencia y hacerte el amor, sin ningún tipo de benevolencia.
Se me acaba la paciencia solo de pensar, que esta noche salvajemente, no te puedo amar.
Me desgasto a mi mismo y todas mis fantasías, sabiendo que en noche buena, no eres mía.

H.M.

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