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Una vez más.

Solo somos dos.
Tu.
Yo.
En una habitación que la luna olvidó.
Pues no hay luz que ilumine.
Mis ojos no te ven, y está bien.
Al menos puedo sentirte y eso justo pienso hacer.
Qué el aire se vuelva nada.
Que no sea suficiente para este momento.
Que no se detenga el vaivén de tus caderas.
Gime, grita y muévete sin parar.
No te detengas ni por un segundo a descansar.
No le robes la sincronización a esta canción.
Deja que todo fluya.
Dame tu calor.
Disfruta de la ilusión, de la fantasía, de tenerme una vez más.
Dime con una mirada cuanto lo disfrutas, si amas la intensidad.
La claridad.
No hay castidad alguna esta noche.
Disfrutame, y sabré disfrutarte.
Devoraré tu ser, de pies a cabeza, como un animal, sin prejuicio alguno.
Empapado en tu vientre, mojada mi alma entre tus muslos.
Libérate de todo pensamiento mundano y deja salir a esa mujer.
La impaciente.
La frígida.
La mujer insegura que se apodera de ti cada vez que me marcho.
Esa mujer fría y sin vista amorosa.
Deja salir a esa mujer.
Sácala de tu vida y de tu alma.
Qué quede solo esta imagen, la imagen de ti, gritando pasión hacía mi.
Que quede solo el amor y el calor de nuestra unión.
Y si no es suficiente, pues he de darte mucho más.
¿Y qué si el sexo es mi respuesta a todo?
No has de negar que tu vagina se derrite en mi pene con cada uno de mis movimientos.
No has de negar que tu piel se hace sensible con cada uno de mis besos.
No puedes negar cada vez que dices que eres mía en medio de nuestro acto perverso.
Imposible negar todas las veces en las que has rogado a este hombre, que te haga gritar y llegar
a esos sublimes y espectaculares orgasmos que rompen el silencio de la noche.
O aquellas veces que gritas mi nombre, pidiendo que con rudeza, me hunda en tu ser.
Si he de ser un animal, lo seré.
Seré un salvaje en mi labor de hacerte mi mujer.
Te morderé, torceré y apretaré cada centímetro de tu piel.
Haré sonar tu fino trasero con el choque de las palmas de mis manos contra el.
Con estas manos.
Estas manos que te hacen sentir mujer.
Estas manos que te recorren y te hacen ser infiel hasta a el más puro de tus sentimientos.
Estas manos, que más de una vez pensaste, qué más de una vez anhelaste.
Manos que hacen humedecer tu sexo, cada vez que te tocas, con razón o sin razón.
Dedos que succionas cuando se empapan en las más ocultas profundidades de tu cuerpo.
¿Y si lo resuelvo con sexo qué?
No llega el momento en el qué tu cuerpo haya dicho que no al estar rozando con el mío.
No ha llegado momento en el que tu humanidad se cierre a la seducción.
No ha llegado momento en el que tu alma no se ilumine con el toque de mi lengua.
No ha llegado momento, en el que el botón de tu placer, no ejerza función alguna.
Olvida el mundo, olvida todo.
Olvídate de ti misma, y sé mía.


"Respira, descansa y no dejes de delirar, quiero tocarte y sentirte, una vez más."

H.M.

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