Queriendo conocer los secretos de tu alcoba, le hice el amor a tus deseos, con protección por supuesto, para no contagiarme de la enfermedad que provocan tus caprichos.
Besé los labios de tu soberbia, los acaricié, los adoré y los morí, para que desnudaras tu vanidad.
Baja las persianas de tu orgullo y desprende de tu cabello el velo de la dureza.
Limemos las asperezas con la piedra pómez a la que los enamorados llaman amor.
Fumemos de la hierba que algunos llaman felicidad y llenemos nuestros pulmones con carcajadas y sonrisas.
Olvidemos las dificultades y las contrariedades.
No he de mentirle, ¿y para qué? Si de mis ojos brota la pura y absoluta sinceridad.
Le anhelo tanto como la hoja pretende al rocío de la mañana.
Que la desembocadura de tus temores sean mis fornidos brazos, que la salida a todos tus miedos sea mi existencia.
Con todo desenfado y soltura aceptaré tus abrazos y caricias.
Desplegaré y extenderé todo el momento, haré de él una eternidad, si así lo deseas.
Con libertinaje te querré, y con exceso amaré cada una de tus virtudes.
Pero deshazte de tus caprichos, de tus rencores, de tu pasado.
Rompe, arranca, despedaza y descuartiza tu ayer.
Pues mis manos no son la de otros hombres, son mías.
Pues mis labios no son traicioneros, son nobles, adictos y sinceros a la sutileza de tu piel.
Deshazte de todo, porque mi corazón desechó las quimeras que le atormentaban y se abrió para recibir tu querer.
Y si me he olvidado yo de los daños, ¿por qué no puedes hacer lo mismo tú, mujer?
Besé los labios de tu soberbia, los acaricié, los adoré y los morí, para que desnudaras tu vanidad.
Baja las persianas de tu orgullo y desprende de tu cabello el velo de la dureza.
Limemos las asperezas con la piedra pómez a la que los enamorados llaman amor.
Fumemos de la hierba que algunos llaman felicidad y llenemos nuestros pulmones con carcajadas y sonrisas.
Olvidemos las dificultades y las contrariedades.
No he de mentirle, ¿y para qué? Si de mis ojos brota la pura y absoluta sinceridad.
Le anhelo tanto como la hoja pretende al rocío de la mañana.
Que la desembocadura de tus temores sean mis fornidos brazos, que la salida a todos tus miedos sea mi existencia.
Con todo desenfado y soltura aceptaré tus abrazos y caricias.
Desplegaré y extenderé todo el momento, haré de él una eternidad, si así lo deseas.
Con libertinaje te querré, y con exceso amaré cada una de tus virtudes.
Pero deshazte de tus caprichos, de tus rencores, de tu pasado.
Rompe, arranca, despedaza y descuartiza tu ayer.
Pues mis manos no son la de otros hombres, son mías.
Pues mis labios no son traicioneros, son nobles, adictos y sinceros a la sutileza de tu piel.
Deshazte de todo, porque mi corazón desechó las quimeras que le atormentaban y se abrió para recibir tu querer.
Y si me he olvidado yo de los daños, ¿por qué no puedes hacer lo mismo tú, mujer?
"Vivir en el pasado sólo nos permite volver a probar con cucharillas distintas una buena cantidad del mismo hervido amargo. Olvídate de tus problemas, de tus experiencias pasadas y de tus accidentes u/o errores. Si no eres capaz de construir algo bueno con las malas experiencias, no sabrás qué hacer cuando algo bueno llegue realmente a tu vida."
H.M
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