Le rocé los labios con delicadeza.
Me rodeó con sus manos la cabeza y se comió mi boca, movió ávidamente su lengua y se deshizo de mi autocontrol.
Le respondí el beso con rudeza y desespero, me hundí en su aliento y la atraje hacia mi. Adiós a mi camisa, hola al contacto de su piel, suave y tersa, cálida como el sol, y se lanzó encima de mi, tumbándome en la cama y sonriendo movió sus caderas de manera sensual, se meció encima de mi y levantó mi ánimo, que intenté adueñarme de su pecho y me rechazó, me arrojó hacia atrás y con picardía sacó su lengua mientras quitaba mi pantalón. Le observe con expectativa, mientras besaba mi pelvis suavemente, dando círculos, besos suaves, desesperantes besos, me sentía expuesto e indefenso y se aprovechó de ello, con suavidad metió mi miembro duro y ansioso dentro de su boca, húmeda y caliente mientras me miraba fijamente y sonreía. Jugó con él, pasó su lengua tal como si de una paleta de chocolate se tratase, devorándolo y empapándose la boca de mi sabor, me masturbó, se adueñó de todos mis fluidos, lo bañó con su saliva espesa y me robo mil suspiros, me volvió loco y me elevó. Sonrió nuevamente al mirarme derrotado, me besó con ternura y se sentó en mi rostro, ahogando mi boca en sus fluidos calientes, llenándome de locura, acabando con mi cabeza.
H.M
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