Recuerdo fue una
tarde el día en el que te encontré por primera vez, tanto tiempo conversando a
la distancia, conversaciones a través de redes sociales hacían de nuestra
amistad un poco mas "cercana".
Allí estabas tu, con
suéter gris, una gran sonrisa y una minifalda que hacía resaltar la belleza de
tus largas piernas.
Me recibiste con un
abrazo de esos que dicen silenciosamente "Te esperé una eternidad"
mientras la brisa nos acompaño en un pequeño vals que duró solo un minuto.
Nos dirigimos hacía
tu residencia, mientras conversábamos de la vida y reíamos de nuestras
conversaciones a altas horas de la noche. Entramos al hall de ascensores y
cuando estuvo vacío, te tome entre mis brazos y justo cuando tu respiración se
hizo más fuerte, planté un beso en tus labios color canela, dejando en claro mi
presencia como hombre, haciéndote mujer durante algunos segundos.
Abrió el ascensor y
rápidamente nos separamos, mientras entrabamos nos mirábamos tontamente,
realizando de que el ascensorista había notado claramente nuestra proximidad y
la intensidad de aquel beso.
Una vez abiertas las
puertas salimos disparados de aquel elevador, para poder de una vez respirar
tranquilos, liberándonos de la tensión que había en aquel aire.
Nos detuvimos a
conversar en uno de los pasillos, mientras observábamos la lluvia caer,
seguíamos riendo de aquel pequeño incidente en el hall mientras nuestras manos
se encontraban casualmente para compartir caricias tenues.
De un momento a otro
la lluvia aumentó y decidimos entrar a tu departamento para cubrirnos de la
brisa.
Había comprado
algunos chocolates para ti y decidí entregártelos, recibiendo solo un
"Gracias" y un beso en la mejilla pero era suficiente pues no tenía
otra intención para contigo, sólo quería brindarte mi compañía durante un día.
En la ausencia de
una Tv en el recibidor, me invitaste a tu cuarto, apenado accedí y al entrar me
quedé de pie allí, justo al lado de la puerta, esperando una señal para
proceder a sentarme en la cama.
Sentado allí
contemple la habitación de un lado a otro, mientras intentabas recoger algunas
de tus cosas personales que en realidad no me molestaban en lo absoluto.
Compartimos un
helado de chocolate mientras varias anécdotas familiares y de nuestra
infancia contábamos, sentados en tu colchón
Sonrisas y miradas
tiernas surcaban el pequeño espacio que había entre nosotros.
Decidimos ver una
película, la cual resultó ser muy buena hasta el momento en el cual se me
ocurrió robarle un beso a tus labios.
Aún recuerdo esa
sensación, una pequeña e invisible brisa recorría mi cuerpo, escalofríos en mi
espalda y en mi rostro una sensación de calidez abundaba.
Nos unimos mediante
un beso que duró algunos minutos.
Justo allí decidí
hacerte mi mujer, entregándome de una manera en la cual una persona solo suele
entregarse a alguien que se ama.
Una llamada nos hizo
salir de aquel recinto aquella tarde.
Decidí marcharme
tranquilamente, confiado totalmente en que nuestra unión seria permanente o que
volvería a ver tu rostro nuevamente.
Aquí estoy
escuchando canciones de amor mientras un café mantiene despierta mi mente.
Te extraño y no
puedo tenerte, te perdí sin siquiera tener razones para perderte.
Un beso nos unió y
un beso nos separó aquella tarde, no se quién eres o quién serás.
Lo único que me deja
tranquilo es el pensamiento de tu piel encontrándose con la mía en una unión
eterna, la descripción del amor eterno que encontré en ti, una total
desconocida.
Espero verte alguna
vez, pero mientras pasa el tiempo deberías saber que no estoy amándote, que soy
un hombre feliz y aunque pienso en ti, estoy pensándote pero sigo feliz sin ti.
Recuérdeme como el
hombre que intentó bordar estrellas en su piel pero falló en el intento.
Yo te recordaré por
siempre como una forajida, un fantasma que me amo durante un momento y al
siguiente me abandono a mi propia suerte.
Sigo delirando por
tu cabello y tus caderas, como un tonto, un iluso.
H.M
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