Quiero con mis labios tocar tus labios, mientras con tus manos tapas tu boca para no emitir ningún sonido.
Quiero palpar cada centímetro de tu piel con estas manos, estas manos que le regalan placer a tu cuerpo de manera imposible.
Anhelo besar cada espacio de tu ser, cada rincón de tu cuerpo y que cada uno de tus suspiros inunde el aire con una fragancia digna de los distintos placeres que sientes dentro de ti.
Deseo que me quieras tuyo, tanto así como deseo hacerte mía.
Qué el calor de tu cuerpo se una al mío y ya no exista el frío tan atroz que me devora en esta habitación.
Nadar en la humedad de tu sexo con mi lengua y bañarme en el pozo de tus placeres.
Entrégate a mi y juro que te haré sentir todo aquello que no te hice sentir la última vez.
Prometo navegar las fuertes e impacientes olas de tu cuerpo y naufragar entre un vendaval de caricias y besos.
Apreciaré la suavidad de tus senos, como un oriental aprecia la más hermosa flor de su jardín.
Deja salir a esa mujer que desea ver realizadas sus fantasías.
Seré tuyo y serás mía.
Seré por una noche tu juez, ejecutor y verdugo y juro que tu condena será morir de placer.
Sin mucho rodeo me hundiré en ti, le robaré a tu piel un gemido, haré que se erice, y besaré tu boca con la pasión que un violinista le pone a su mejor obra musical.
Encima, por debajo o frente a mi, no importa la posición, o la manera en como completemos la aventura que emprenderán nuestros cuerpos.
Un viaje estelar, a la luna y de regreso, parando en cada una de las estrellas, en forma de pecas sobre tu espalda.
Si lo deseas serán horas, aunque no te prometería minutos, no te prometería el tiempo, pues no existe el tiempo cuando te pierdes en caudales de pasión.
Deja los pensamientos y limitaciones fuera de esta habitación, ven y sé mi mujer.
Sólo quiero regalarte el placer que me he negado a darte hasta ahora.
Quiero que experimentes realmente, como se ama a una mujer.
Ven.
H.M.
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