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Lo que nunca pude decirte.

Me guardé tanto y mencioné tan poco. Muchas banalidades y cosas simples te comenté, pero mucho callé, quizá por ello hoy no estamos juntos, porque me reservé tanto que al final resulté ser alguien diferente e irreconocible ante quién supuestamente te mostré. Me convertí en una caja de seguridad, cuyo única clave tenían tus manos. Manos que nunca jamás mi piel volvieron a tocar, dejando secretos guardados que nunca nadie podrá a la luz sacar. Pero si algún día llegara a abrirse, acá hay varias cosas que debes saber antes de que el rumor a tus oídos las haga llegar:

Lo primero es que aún después de irte me preocupé y oré por ti.
Segundo que te besé en silencio y me culpé por no mantenerte cerca.
Lo tercero es que esto es sólo lo que pienso y no lo que me guardo realmente.

Me guardé las sonrisas porque pensé que podrían servirme para luego, porque en ese momento era joven nuestro amor (según yo). Ahora realizo que quizá sonriendo un poco más pudiese haber sido yo quién alegrase tus días en lugar de ser tú quién alegrase los míos.
Me guardé para mi el mejor sexo de mi cama, porque preferí tratarte como reina y dama, sin saber de tus preferencias, queriendo ser un caballero, ignorando tus deseos, tal vez quisieras ser víctima de un hombre lujurioso y perverso, cosa que en parte no soy, aunque pudiese llegar a serlo.
Me guardé el derecho y potestad de decirte que detesto la falsedad de tus amigos, que quisieran verte con alguien mejor y no conmigo y la vez comprendo el porque ocultaste tantas cosas, pues quién vive de apariencias siempre lamenta la vida que está viviendo, queriendo cubrir un poco más de lo que la manta les da para abrigar.
Me guardé el secreto de nuestra felicidad, y mis ganas de cambiar por ti, porque caí en cuenta de que no cambiaría mucho, tu seguirías siendo tú y yo sólo habría cambiado para ser tu escalera, tu medio para alcanzar tu sueño, tu fan Nro. 1. Y si querías gana ya tenías suficiente con tu familia y tus amigos, no quiero ser quién siempre está ahí, al pendiente de ti, porque siento que es importante que también me ocupe de mi.
Me guardé los "no" y los cambié por muchos sí, y atendí tus necesidades dejando de lado las mías, pero me los guardé por un buen propósito, quizá para decirte que ya no te necesito, que ya no quiero verte y que soy feliz sin ti, aunque estoy último, no sea cierto.
Me ahorré la sinceridad, y mis verdaderos pensamientos.

Y ahora tengo placer de poder decirte que prefiero guardarme todo, mi pensamiento, mis sentimientos y mi amor por ti. 

Y lo que nunca pude decirte es que lamento no haberme dado antes cuenta, no de quién eras, sino de la persona que ibas a ser.



—Harold Monasterios

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