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Ultimas palabras de un amante.


Noches de soledad, agrias, sombrías, tétricas, taciturnas, lóbregas y sobrecogedoras.

Tranquilidad total, sufrimiento absoluto.

Mi mente engendra quimeras que agobian mi existencia, esboza figuras lúgubres, oscuras, llenas de suplicio y angustia. Lamentos y quejas son vociferadas por este quien fue alguna vez fiel servidor a tus deseos, hoy atado a los eslabones de una cadena que esta muy bien asegurada en la parte superior de este catre, en una muy alejada cabaña, a miles de kilómetros de todo vestigio alguno de sociedad.

Al paso de los días mi cuerpo cae en un estado aun mas magro y raquítico, lo se, aunque no pueda ver por debajo de mi pecho gracias al obstáculo que has dejado al partir, ansió tener algo de agua pronto, ya hace días que no llueve y esa gotera que da precisamente en mi frente es lo único capaz de saciar mi sed, aunque sea una tortura y un total martirio, he aprendido a controlarlo, a calmarme cada vez que me ahogan las cataratas inquietantes que caen por la resquicio del techo.

Por las noches las luces permanecen apagadas, la única vela que alumbraba mi estadía en este pequeño camastro, se extinguió ya hace muchos días, si es que mi recuento de los días aquí no esta equivocado.

Emito alaridos de dolor, mi abdomen esta total y completamente comprimido, mi respiración, reducida y casi efímera desvanece, la putrefacción y el olor a desechos humanos que hay en la estancia es tan insoportable que de encontrarme alguien, se marcharía y me abandonaría aquí mismo, a merced de un destino atroz y ansioso por verme de una vez por todas desfallecer.

Me he rendido, exhausto de intentar escapar, esperare la próxima lluvia, para recobrar algo de vida, o fallecer de una vez por todas, que pensándolo bien, seria un total alivio y desahogo a esta situación tan inquietante, tan horrible.

Cerraré mis ojos y esperare a que me alma encuentre el reposo, luego de esta lucha constante y perseverante, luego de estar 8 días aquí, contando con el amanecer que se aproxima.

Cada noche te maldigo y me pregunto - ¿Por qué debías atarme? ¿Por qué no hiciste caso y tomaste tus medicamentos esa noche en la que nos amábamos?

Ahora estas en mi lecho, muerta, en mitad de una descomposición inevitable. Queriendo utilizarme como tu juguete sexual, ahora soy el juguete que torturas, a el que haces fallecer, al que desde donde quiera que estés, estas viendo fallecer en este justo momento.

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