Si supieras como me
siento al estar encerrado las 24 horas del día, no esperarías a que llegue ese
día en el que logre yo vencer mi apatía.
Estoy en un arresto
domiciliario, condenado por mi mismo, castigado por mi mente en cada minuto que
pasa.
No quiero saber nada
de el mundo que me rodea.
Algunas veces
incluso no quiero saber nada de ti.
Cuando la tristeza
invade el alma, necesito tus abrazos, lástima que solo estás allí para
doblegarme con tus golpes, disfrazados de palabras fuerte, sugiriéndome ser
"un hombre".
Si al menos tu
percepción de un hombre recto estuviera correcta, te equivocas al querer
implantar en mi una actitud ajena, pues desconoces completamente que mi actitud
incluso es más fuerte que la tuya, pero aún no lo descubres porque he decidido
doblegarme, ante el titulo que te otorgó la naturaleza como mi madre.
Te amo, aunque
algunas veces, más que una madre, te quisiera como amiga.
H.M.
Comentarios
Publicar un comentario